
domingo 17 de noviembre de 2024
El debate sobre el deseo adolescente, su representación y los espacios de intimidad necesarios para su exploración son cada vez más frecuentes en las discusiones sociales. En este contexto, Vera y el placer de los otros (2024) emerge como una obra profundamente necesaria para la coyuntura social y política que atraviesa Argentina.
Federico Actis y Romina Tamburello desafían las convenciones del género coming of age con su ópera prima, proponiendo un enfoque que trasciende lo puramente narrativo. Vera, la protagonista interpretada por Luciana Grasso, encarna las contradicciones y curiosidades propias de la juventud desde una perspectiva libre de juicios y simplificaciones.
En la trama, Vera roba las llaves del departamento “3ºB”, administrado por su madre (Inés Estévez), para subalquilarlo a otros adolescentes en busca de sexo. Este acto le permite encontrar un refugio para explorar su propia relación con el deseo, aunque esta exploración no esté exenta de conflictos, desde el riesgo de ser descubierta hasta los dilemas emocionales que surgen al ser una espectadora silenciosa de los placeres ajenos.
En un contexto donde autoras como Dolores Reyes (Cometierra), Aurora Venturini (Las amigas) y Gabriela Cabezón Cámara (Las aventuras de la China Iron) son cuestionadas por el contenido de sus obras en el marco de la Educación Sexual Integral (ESI), y mientras la implementación de esta política educativa genera intensos debates en Argentina (y el mundo), Vera y el placer de los otros se posiciona como un relato oportuno y provocador. La película no solo aborda las complejidades del descubrimiento del deseo juvenil, sino que se enfoca principalmente en el deseo femenino, a menudo relegado al ámbito privado o estigmatizado. Actis y Tamburello evitan caer en estereotipos, proponiendo una narrativa que no simplifica ni moraliza el deseo. Su enfoque rompe con la mirada masculina dominante, centrando la autonomía de los personajes.
Vera y el placer de los otros se une a una creciente ola de producciones que desafían la mirada masculina tradicional, rechazando la concepción de esta como la única forma válida de narrar historias de esta índole. La película no solo se posiciona frente a esta mirada, sino que también se inserta en el contexto cultural contemporáneo que busca derribar los tabúes en torno a la sexualidad adolescente y aportar claridad al debate. Lejos de recurrir a los recursos emocionales previsibles, la narrativa se adentra en la complejidad de los sentimientos, ofreciendo una reflexión más profunda y visceral sobre los personajes y sus vivencias. A diferencia de otras obras que abordan estos temas desde el melodrama o la comedia superficial, Vera y el placer de los otros se construye sobre los principios de la empatía y la autenticidad, buscando conectar de manera honesta, sin adornos ni artificios.
Tamburello y Actis no intentan dar respuestas definitivas sobre lo que significa el deseo; en cambio, abren un abanico de preguntas necesarias. Vera y el placer de los otros no es solo una película sobre el sexo; es una obra que invita a replantear cómo entendemos y representamos el deseo. Con una narrativa disruptiva y actuaciones que destacan por su naturalidad, esta historia logra incomodar, emocionar y, sobre todo, interpelar.
En un contexto social donde los debates sobre la Educación Sexual Integral (ESI) han cobrado protagonismo en la agenda educativa, social y cultural que propone la ultraderecha, Vera y el placer de los otros se presenta como una obra crítica que dialoga directamente con estas discusiones contemporáneas. La película no solo explora las complejidades del deseo en sus múltiples formas, sino que también abre un espacio para reflexionar sobre la importancia de abordar estos temas desde una perspectiva inclusiva y libre de prejuicios.







