
La serie Grotesquerie (2024), creada por el prolífico Ryan Murphy, combina elementos de thriller, crítica social y surrealismo, fiel al estilo del creador de éxitos como Nip/Tuck, Glee y American Horror Story. Como en sus anteriores trabajos, Murphy transita un terreno ambiguo que oscila entre lo provocador y lo efectista.
Lois Tryon (interpretada por Niecy Nash) es la detective en jefe de una ciudad que parece estar siempre al borde del abismo. Marcada por el alcoholismo y atrapada en una vida personal que roza lo insoportable, Lois enfrenta el peso de una realidad asfixiante: su hija Merritt (Raven Goodwin), quien lidia con problemas de autoestima y sobrepeso, y su esposo Marshall (Courtney B. Vance), un brillante profesor universitario reducido a un cuerpo inerte tras quedar en coma. A esto se suma el amargo recuerdo de las infidelidades de Marshall, quien mantuvo relaciones inapropiadas con sus alumnas.
En medio de esta vorágine personal, Lois se enfrenta a una misteriosa serie de asesinatos cuyo refinamiento y brutalidad desconciertan a todos. Sin embargo, no está sola. Su excéntrica hermana, Megan (Micaela Diamond), una monja periodista que escribe sobre crímenes en el Catholic Guardian, se convierte en su improbable aliada. Gracias a los artículos de Megan, la religión comienza a recobrar protagonismo en una sociedad desilusionada, atrayendo nuevamente a los fieles a las iglesias. Sin embargo, este resurgir espiritual parece estar acompañado por una lucha moral que deja a todos, literalmente, sin saber dónde están parados.
Con una atmósfera cargada de desesperanza y referencias al fin de siglo, Grotesquerie evoca las profundidades existencialistas de la serie Millennium de Chris Carter, pero desde una perspectiva más contemporánea. Los temas actuales, como el impacto de las inteligencias artificiales, la migración y el poder de las mafias globales, se entretejen con los horrores cotidianos, creando un panorama tan inquietante como reconocible.
Lejos de ser una simple historia de detectives, la serie se desarrolla como un sueño febril. Los asesinatos, cuidadosamente escenificados en macabros «tableaux», remiten al dramatismo de Hannibal y al simbolismo oscuro de Seven. Esta estética de horror elevado, inspirada en Thomas de Quincey, combina lo forense y lo artístico para sumergir al espectador en una experiencia desoladora.
Destaca especialmente el episodio titulado Desconexión, donde la trama da un giro hacia una realidad paralela que profundiza aún más en las inseguridades y obsesiones de los personajes, recordando el universo onírico de David Lynch.
Grotesquerie no se limita a ser una provocación visual. Escenas como el «asesinato cesáreo» o el paisaje apocalíptico teñido de naranja en el que Megan canta «Don’t Know How to Love Him» de Jesus Christ Superstar, son ejemplos del meticuloso equilibrio entre lo grotesco y lo sublime que caracteriza a la serie.
A pesar de su tono irónico y su autoconciencia metatextual, la serie no pierde de vista su crítica a la sociedad contemporánea. Temas como la decadencia de las instituciones, la moralidad líquida y la posverdad son abordados con crudeza y humor negro, confirmando a Murphy como un maestro en la creación de relatos que dialogan con su tiempo.
Grotesquerie es un espejo deformado de nuestra realidad actual, donde la religión, el crimen y la tecnología se entrelazan en un relato tan perturbador como fascinante. Con un guion que desafía las convenciones y una puesta en escena que atrapa desde el primer minuto, la serie se posiciona como un thriller inteligente y audaz, digno del caos de nuestra era.







