
La novela El día del chacal, publicada en 1971, marcó un hito en el thriller literario al presentar la historia de un asesino a sueldo contratado para asesinar al presidente francés Charles de Gaulle. A través de una prosa seca y concisa, Forsyth no solo narraba la operación terrorista del grupo OAS, sino que también capturaba la atmósfera política de los años 60, una época en la que las tensiones geopolíticas estaban en aumento. La adaptación cinematográfica de Fred Zinnemann en 1973 recogió esa visión austera y precisa, utilizando una narrativa realista para presentar la operación fallida en un mundo sin moral, donde las fronteras entre el deber y el crimen se difuminaban.
Más de 50 años después, la historia vuelve en formato de serie con un enfoque renovado y con la intención de reflejar las tensiones políticas actuales. El chacal (The Day of the Jackal, 2024), dirigida por Paul Wilmshurst, Anu Menon, Brian Kirk y Anthony Philipson, mantiene la esencia de la obra original, pero la traslada al presente, donde las dinámicas de poder han cambiado, así como el contexto global.
La trama de El chacal sigue a un asesino profesional, conocido solo como «El Chacal», que opera en una Europa donde las redes sociales, el poder del dinero y el auge de las ultraderechas definen las relaciones internacionales. Esta actualización no solo es una necesidad narrativa, sino también una forma de encajar la historia en un mundo que, aunque distante de los años 70, sigue enfrentando los mismos conflictos políticos que Forsyth describió.
La historia de un hombre sin ideología, contratado por el mejor postor, refleja cómo el terrorismo y los asesinatos políticos se han convertido en herramientas de poderes más complejos y descentralizados. El Chacal (interpretado por Eddie Redmayne) es un asesino que, lejos de ser un hombre de causas, se ha convertido en una pieza más de una maquinaria de violencia política donde la motivación es secundaria al impacto de sus acciones.
La persecución, encabezada por la agente de inteligencia británica interpretada por Lashana Lynch, es también una representación de cómo las instituciones se enfrentan a estos desafíos globales. El juego entre el cazador y el cazado se extiende por todo el continente europeo, un escenario más interconectado y vulnerable que nunca.
Si bien la historia de El chacal se distancia de la novela en varios aspectos, sobre todo al llevarla a un contexto moderno, el enfoque en la operación de asesinato como un trabajo frío y calculado sigue siendo central. Forsyth creó una obra en la que la tensión no provenía de lo qué sucedería, sino del cómo. Al igual que en la adaptación original, donde sabíamos que el asesinato no se llevaría a cabo con éxito, la serie mantiene esa sensación de inevitabilidad, pero la amplía a un espectro más global.
La serie no solo recurre al estilo de thriller clásico, sino que también reflexiona sobre los efectos del terrorismo y la violencia política en la sociedad moderna. La influencia de las redes sociales, las fuerzas de seguridad internacionales y las ideologías extremistas contemporáneas son elementos que encajan con las preocupaciones actuales, sin perder la esencia que hizo de El día del chacal un referente del thriller político.
A través de este relato se pone en evidencia que el terrorismo y la violencia política no son fenómenos aislados, sino que están profundamente interconectados con los sistemas de poder que gobiernan las sociedades globalizadas. El chacal refleja este proceso, mostrando cómo el mercado de la violencia se mueve rápidamente entre ideologías y fronteras, y cómo las instituciones, aunque más sofisticadas que en la época de Forsyth, siguen luchando contra estas sombras del poder.
La adaptación moderna de la historia no solo es una oportunidad para revivir un clásico, sino también una reflexión crítica sobre cómo los temas tratados en 1971 siguen siendo relevantes hoy en día. La obra de Forsyth se convierte así en una narración atemporal, que se reinventa sin perder su impacto original. Sin embargo, la extensión de los 10 episodios resulta excesiva, alargando innecesariamente una trama que podría desarrollarse con mayor agilidad y precisión.







