Mi última condena. Ana de Pombo (2023) sobre la diseñadora, bailarina y escritora con fama de excéntrica, es la ópera prima del español Juan Mata. El relato se presenta estructuralmente dividido en cuatro partes, que casi en su totalidad se corresponden con la autobiografía que da título al filme, publicada en 1971. En su libro, Ana de Pombo (1896-1985) rotula los apartados de su vida cosmopolita como: Ana de Pombo, Ana de París, Ana de España y Ana del Mundo. En el documental los intertítulos son Ana de Pombo, El gran mundo, Ana de España y Ana del Mundo. Lo cierto es que “Ana de España” tuvo una vida intensa, apasionante e interesante, logrando no solo crear, sino integrar los círculos culturales y políticos, la alta sociedad, la exclusividad de la moda y el faranduleo nocturno, sin pasar nunca por desapercibida. 

Nacida en Cantabria y proveniente de una familia de la aristocracia, fue una pionera del mundo cultural y artístico. En un contexto patriarcal y a pesar de su educación de niña de la alta sociedad, supo cómo inventarse a sí misma.  Al respecto, el documental pone en evidencia y subraya cómo Ana era artífice de su propia narrativa, llena de exageraciones y mitos. Por ende, no es casual que el largometraje comience con una referencia al texto dramático barroco La vida es sueño (1635) de Pedro Calderón de la Barca, cuyo tema central es la búsqueda de libertad del ser humano para poder configurar su vida. El documental recurre a vasto material de archivo y entrevistas a historiadores del arte y la moda, como así también contiene el testimonio de su nieto, el escritor Álvaro Pombo (de 85 años de edad), miembro de la Real Academia Española.  Según quien, al hablar de su abuela, refiere al artista como un impostor, como alguien que imposta cosas, y “a la larga la verdad da igual”.

Al ver el documental, parece ser que ella osciló entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte, desde su prematuro primer matrimonio hasta atravesar la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, reinventándose una y otra vez. Sus notables trabajos en el mundo de la moda incluyen en la década del ´30 ser la secretaria personal de Coco Chanel en la Maison Chanel de París, lugar que deja con rispidez para abrir su propio negocio de alta costura. Luego, Jeanne Paquin (trascendental diseñadora francesa) la contrató para dirigir la casa que abrió en Buenos Aires, donde llamaron la atención sus diseños de estilo español. Ya en Buenos Aires, en la década del ´40 la artista forjó una amistad con Eva Perón, quien lució sus diseños en varias ocasiones. Lamentablemente el documental deja fuera que Ana diseñó vestuarios para películas como El hombre que las enamora (1944), El camino de Babel (1945) e Historia de una mala mujer (1948), ésta última protagonizada por Dolores Del Río a quien también vistió fuera del set, como así también a otras actrices como Lola Membrives y Audrey Hepburn. 

Es también en Buenos Aires, donde Ana conoce a quien será su tercer y último marido, el argentino, Pablo Olivera Martínez, con quien vuelve a Europa. A lo largo de los años, abre una sucesión de diversas tiendas y emprendimientos culturales, que iban desde la moda a objetos antiguos y decorativos u obras artísticas. Entre ellas se destacó su actividad en Marbella, donde en la década del ´60 Jean Cocteau -escritor, artista plástico y director de cine- pintó unos paneles inspirados en el flamenco, logrando ambos convertir a esa ciudad en un punto de atracción.

Por otro lado, el documental también esboza la faceta de bailarina y performer de “Ana de España”. Fue una de las precursoras del baile con castañuelas, y posteriormente se inspiró en figuras relevantes de la danza moderna, como Isadora Duncan y Martha Graham, considerando la danza como expresión, libre, teniendo una concepción de “artista total”. Por último, a partir de la década del ´50, otra de las facetas artísticas de Pombo era la escritura, como catarsis de su “enfermedad del alma”. La vida personal de Ana es crucial en este sentido donde su vida y su obra se entrelazan, pues la prematura muerte de sus hijos y las acusaciones de ser colaboracionista del nazismo y el franquismo, no solo le trajeron problemas en el orden público -como ella dijo “en la cárcel vestida de Chanel”- sino en su entorno íntimo.

Respecto a esta polémica cuestión, se considera que al documental le falta profundizar más en ello, queda muy ambigua la cuestión de si Ana fue o no una espía del nazismo. Sin embargo, a pesar de esta parte controversial, contradictoria y de su vida que queda como un enigma, lo cierto es que Ana de Pombo se opuso al modelo de domesticidad y al canon de mujer tradicional, siendo una madre “disfuncional”, y estando en público y conquistando ese espacio, como así también desde la libertad con la que vivió su sexualidad.

Mi última condena. Ana de Pombo posee un notable trabajo de investigación, pero en cuanto a lo audiovisual carece de dinamismo. A pesar de ello, sin dudas se celebra su existencia, pues esta mujer tan creativa, productiva y multifacética, merece reconocimiento y dejar de ser invisibilizada por la historia. Asimismo, permite a nuevas generaciones revivir su aporte al mundo cultural, en un sacudido siglo XX, donde todo lo que hizo no era fácil, dejando en evidencia que fue una adelantada a su tiempo. Al parecer, Ana de Pombo vivió tantas vidas y profesiones como quiso, volviéndose inclasificable e indescifrable, permaneciendo en la historia con un halo de misterio.