A Federico Randazzo Abad le encanta meterse en el mundo de la investigación con sus herramientas audiovisuales. Y su búsqueda de archivos es una mezcla de ansiedad, pasión y deleite. Más inquietud y misterio. Grabó documentales en más de 15 países de cuatro continentes. Fundador de la productora audiovisual La Produ. Periodista. Licenciado en Comunicación Audiovisual de la UNSAM. También es docente y brinda talleres sobre TV Documental. Realizó más de 500 capítulos de DocTV como director, productor y/o guionista. Dirigió las serie feministas Pioneras. Mujeres que hicieron historia y Sufragistas. Dirigió el mediometraje La estrategia de los Andes el cruce de la Cordillera craneado por el General José de San Martín, todas para el Canal Encuentro.

¿Cómo fueron las primeras aproximaciones al cine y porqué no a la música?
Profesionalmente trabajo en el medio audiovisual, mucho más en televisión que en cine, haciendo documentales. Muy hijo de toda la escuela que significó Canal Encuentro, que nos permitió por muchos años hacer documentales históricos, de archivo, de contenido, investigaciones de largo aliento, como si fuera normal y habitual en la televisión (Sonríe). Durante muchos años fui director y productor, básicamente. Me especialicé sobre todo en la investigación de archivos y biografías históricas. Hice muchas series como Mundo Bayer, Mundo Gieco, Mundo Torres, o sea sobre y con personajes como Osvaldo Bayer, León Gieco y Jaime Torres. Tuvimos la suerte de ganar gracias a estos trabajos un par de Martín Fierros. Y abordábamos las biografías a través de los testimonios y los archivos.

O sea que ya tuviste experiencia en el rubro música en algunas de esas series.
El rubro música estaba, el rubro investigación estaba, el rubro archivo estaba. De ahí en más hubo otras notas derivadas. Hice ciclo sobre la Independencia, sobre el 9 de Julio, sobre José de San Martín, sobre el Éxodo Jujeño, sobre las primeras mujeres sufragistas al principio del Siglo XX. Viajaba por distintos lugares y hacía la dirección, la producción general, motorizaba los proyectos para llevarlos adelante. Ese era mi vínculo sobre todo con la industria audiovisual. Y con la música un poco va por allí también. A mí me gusta decir que yo me alimento de música, la forma en que yo la digiero es en la forma de alimentarme. Espiritual y materialmente hablando. Puedo tener mucha hambre y con una buena canción te banco un par de días sin comer, o con un buen disco (Risas). En ese sentido no es una metáfora lo de la alimentación. Si hace mucho que no voy a un concierto, se me nota en la mirada y en el ánimo.

Y el nombre de Atahualpa sintetiza estas pasiones…
Creo que la figura de Atahualpa excede ampliamente el marco de la música. Es mucho más que un cantor. El vínculo del cine y la música es eso que te vine contando.

¿Cómo nació la idea de meterte en la vida de un grande de la cultura popular como Yupanqui?
Mirá, en una conversación medio informal, el Coya Chavero (el hijo de Atahualpa) me cuenta que tiene todo un bagaje de archivos. Te cuento que yo pienso que siempre tenemos al alcance de la mano tesoros y joyas archivísticas que no podemos ponerlas en valor. O por el contexto, o por la capacidad, o por la falta de recursos. Él me dice que tiene en su casa muchos tapes, casetes y formatos que nunca nadie había visto. Que algunos los había traído su padre de un viaje, y otro que uno vaya a saber cómo estaban ahí. En principio había solo de imágenes. Unos días después cae a nuestra oficina con una caja de galletitas Criollitas toda rota (Risas), y adentro había dos U-matic, un Beta y cinco DV cam. Y sólo tenían escrito Atahualpa. Y entonces empezamos a mirar uno a uno y digitalizarlos.

Era como meterse en una Caja de Pandora y ver que aparece ahí, que cosas sirven y si estaban con su audio también…
Todo lo que estás diciendo, pasó. En principio no había grandes cosas, eran materiales ya conocidos, había cosas mal grabadas. No había ninguna joya, digamos. Pero si la certeza de que nadie había catalogado esos materiales. Pero insistimos y seguimos buscando. Y ahí empezamos a entender el rol del Coya, de la Fundación Atahualpa Yupanqui, y la forma en la que Atahualpa constituyó y concibió su personaje. Por donde buscábamos, encontrábamos algo. Por ejemplo hay un libro que son las cartas a Nenette (su mujer, la pianista y compositora franco-belga) excelentemente bien compiladas hace muchos años, que es un best-seller y lleva ya muchas ediciones. En el libro habrá compiladas unas 1.000 cartas. Cuando fuimos al Museo en Cerro Colorado, encontramos unas 3.000 cartas más que no habían sido parte de la edición. Y encontramos las postales, los apuntes de Atahualpa, encontramos las entrevistas, encontramos los casetes de música de propio Atahualpa…

Si pero no es lo mismo que te muestren un libro en donde están impresas en papel todas con la misma tipografía, las cartas a ella. Pero en la imagen cuando ves la carta desplegada, con la fecha de cuando fue escrita, el logo o membrete del hotel, por ejemplo de Marruecos. Y esa carta tiene 60 años y no se pudrió ese papel…eso tiene un valor…
Esa emoción que a vos te embarga al contarlo, es la que nos embargaba a nosotros al tocarlo y decíamos: hay que hacer algo con todo esto. ¿Cómo no vamos a hacer nada? Y además no había un video que fuera disruptivo pero si fue la punta de lanza para empezar a pensar un mapa del archivo de Atahualpa. Mi hipótesis era: si Atahualpa fue un hombre público desde el año 1930 hasta el año 1992, se recorrió los rincones del planeta que se te ocurran, siendo un tipo famoso, si ya en la década del cuarenta cuando llegaba a un lugar era un acontecimiento y hay un anuncio en el diario y una foto; ¿qué me hace pensar que no hay miles de rastros de Atahualpa desperdigados en todos los lugares en los que él estuvo, que alguien tendrá una foto, alguien tendrá una grabación, otro tendrá una entrevista. De los lugares en donde él estuvo, en el film hay un recorte, una infinidad de sitios que no aparecen. Entonces ese fue el punto de partida, ahí se me fue armando la película. No sabíamos si era una serie, si era un libro, si era un documental. Y ahí empezó a tomar forma, ya teníamos el material digitalizado, y pasaron cinco años, y esperando la joyita que no terminaba de aparecer.

¿Cuándo empezaron exactamente con este proyecto?
Y habremos empezado hace como unos diez años, muy lentamente. Yo fui papá en el medio, la productora que teníamos por entonces ya no está más, el canal que iba emitirlo tampoco existe. Los avatares de la vida.

O sea que el film, la idea y el producto final se fue metamorfoseando con el paso de los años y la aparición de nuevos materiales.
Así se fue armando, primero con la pretensión de ser una película toda de archivo, después le sumamos todas las entrevistas. En archivo había mucho de la segunda parte de su vida y nada de la primera parte. Por una cuestión técnica. No se filmaban reportajes periodísticos en la década del treinta, ni se filmaba ni se guardaba. A mí me interesaba contar la historia de Atahualpa un poco lineal, no solo la última parte de su vida que es lo que más se conoce. Por eso es que al final utilizamos como recurso las fotografías, las cartas o las entrevistas que narrativamente nos permitieron tener esa trashumancia, tener una propuesta un poco más integral que la que el archivo audiovisual específicamente nos daba que era bastante ecléctica pero muy fragmentada.

Hay un detalle nada simple y no creo que casual que es el hecho de que las entrevistas y el aporte de terceros es de investigadores, estudiosos, biógrafos; y no hay de colegas, de autores, de músicos.   
Lo más difícil de la película fue encontrar un recorte, porque Atahualpa es un juglar enorme, complejo, grande y rico. Uno se mete en la poesía de él y es profunda. Tiene diez libros editados, uno se mete en la filosofía de Atahualpa y es compleja, en la cosmovisión, en la política, en la guitarra, en la instrumentación, en el etnomusicólogo. En ese sentido de todos los Atahualpas posibles, el músico es quizás el que más presente tenemos, el que más está circulando y el que la gente más ha escuchado. De los materiales que hay de Atahualpa, no hay ninguna película, pero si hay varios documentales sueltos que han hecho por ejemplo la Revista Ñ, el Canal Encuentro, y demás; y ahí sí hemos escuchado a los más inteligentes o interesantes músicos reflexionar sobre Atahualpa. La hemos escuchado a Liliana Herrero, a Teresa Parodi, hemos escuchado a la gente del folklore, hemos escuchado a los amigos y a los no tan amigos, etcétera. Ok no hay músicos pero igualmente es ecléctico lo que hay. No solo investigadores. Está Jacqueline Rossi que fue la pareja, la amiga, la acompañante, la asistente en todos esos años que vivió en París. Ella fue un tabú acá. Como Nenette fue un tabú. Y en un punto nos pareció un acto de justicia de que ella esté, y que nos cuente cosas de Atahualpa, porque acá en Argentina también hay prejuicio con los días de Atahualpa en Francia. Y nos dicen que Atahualpa se murió en la soledad. Y no es así. En la misma noche en que murió, fue homenajeado en un teatro a sala llena.

Tuviste momentos en que te decías: esto no avanza, falta plata, no terminamos, no llegamos a ningún lado, se mueren testigos, nos falló este otro, lo voy a retomar dentro de 4 años, más el COVID.
Si te soy sincero me cuesta encontrar momentos en que algo de todo eso no había! (Risas). Eso estuvo todo el tiempo. Es un proyecto complejo igual que el personaje. Y lo mires desde lo económico, desde lo administrativo, desde lo formal, desde lo profesional, desde lo artístico hasta el contenido histórico, lo político, lo musical, cada una de esas decisiones fueron complejas. Para mí personalmente fueron muy complejas en el sentido de estar metiendo las manos en la vaca sagrada de la cultura de continente. No era la biografía de tu tía Susana. Estamos hablando de un hombre delicado, profundo, complicado, tramposo. Atahualpa es un personaje con una trampa muy inteligente, muy inteligente. Él se inventa y se monta un personaje que él se lo cree. Digamos que Atahualpa Yupanqui es una invención de él. Ni siquiera es su nombre, ni él es originario, ni tiene esa alcurnia que su nombre acusa.

Sentís que él es un personaje en sí mismo…
En un momento en una de las cartas a Nenette, le pide por favor que no le mande más la correspondencia a Francia a nombre de Atahualpa Yupanqui, porque tiene que llevar los diarios y los discos al correo para demostrar que él es él, para que le entreguen las cartas. Porque el nombre formal, el de su documento es Héctor Roberto Chavero, y cuando iba al correo postal a retirar sus cartas, si la persona que lo atendía no sabía qué él era un famoso músico, no tenía ningún motivo para darle a Chavero una carta que era para Yupanqui. Él y su propia pareja se creen el mito de cambiarse la identidad y montarse un personaje. ¡Él se inventa un nombre que su propia pareja lo llama por ese nombre!

Sí, pero también fue la mujer que más lo conoció y trató.
Para mí Nenette (Antonietta Paule Pepin Fitzpatrick) es fundamental en la vida de él, es clave. Yo lo que siento de Nenette, hay dos cosas sumamente importantes: una es que falta un trabajo investigativo sobre ella. Yo puedo leer las cartas de ella a Atahualpa, conocer su fotografía, sus materiales, su biografía, escucharla, verla. A mí me hace mucho ruido con el personaje que públicamente nos hemos ido construyendo o deconstruyendo estos últimos años. Siento que le falta una investigación a la altura del personaje, que todavía hay mucho Nenette que no conocemos como para andar haciendo afirmaciones tan pasionales. Me parece un personaje más complejo que todo eso. Y por otro lado sí me pareció que Nenette es otra película entera, con ella misma, pero sí que son actos de justicia. Nunca se le había puesto la voz de ella. Además de alguna frase muy polémica que dice entre la relación de argentinos con Francia. No lo voy a decir aquí para no spoilearla. Pensá vos que el Coya nace cuando Atahualpa estaba perseguido, prohibido, indocumentado, y se van a vivir a un lugar donde al día de hoy, 80 años después, es muy difícil llegar. Realmente se fueron a vivir a un lugar bien escondido. Se llegaron a escribir 3 cartas por día durante muchísimos años.

Otro tópico importante del film creo que es el hecho de no mostrarnos a un Atahualpa buenazo, ni impoluto, ni enchamigador. Más bien un tipo hosco, desconfiado, frontal eso sí.
En ese sentido mi idea no era lustrar el bronce, para ilustrar el bronce yupanquiano ya hay un montón de discípulos y de diversa gente. Y no es mi trabajo como biógrafo, como investigador, como documentalista venir a realzar el brillo de los mitos. Por otro lado Atahualpa es un mito argentino como San Martín como Maradona como Borges y como tantos. Y esto hace que tenga una cantidad de devotos y que cada uno pueda encontrar y hacerse el mito y vincularse con él desde donde le hace bien y le sirve. En ese sentido Atahualpa tiene devotos de izquierda y de derecha, pro argentinos y anti argentinos, chauvinistas y anti patria, tiene devotos en los palcos de las iglesias, y en ateos, en despachos oficiales y en rincones opositores, devotos en peronistas, comunistas, radicales, conservadores, socialistas, y hasta en fachos.