viernes 27 de septiembre de 2024

En The Last Showgirl, la directora Gia Coppola ofrece una narrativa íntima y nostálgica que indaga en el fin de una era en Las Vegas, donde las luces brillantes de los casinos ya no pueden ocultar el paso del tiempo. El film se centra en Shelley, una veterana showgirl interpretada por Anderson, quien ofrece una de las actuaciones más poderosas de su carrera. Su interpretación es un retrato profundo de una mujer que ha dedicado su vida al espectáculo, solo para descubrir que la juventud, que alguna vez fue su mayor activo, se ha convertido en su condena.

Shelley es la última representante de un mundo en extinción. Su espectáculo, Le Razzle Dazzle, está a punto de cerrar, marcando el fin de su relevancia en una ciudad que sigue adelante sin ella. La actuación de Anderson es desgarradora y llena de matices; retrata a una mujer que, aunque atrapada en su pasado, lucha por aferrarse a los últimos vestigios de lo que alguna vez fue. Su voz suave, casi quebradiza, y sus movimientos delicados transmiten una vulnerabilidad que resuena en cada escena.

Acompañando a Shelley está Annette, interpretada por Jamie Lee Curtis, quien da vida a una exshowgirl convertida en camarera de casino. El contraste entre ambas es un reflejo brutal del destino que Shelley podría enfrentar. Curtis, con su estilo característico, combina humor y tragedia, ofreciendo una actuación tan memorable como conmovedora.

Lejos de los clichés habituales, Coppola elige mostrar una Las Vegas menos reluciente y más melancólica. La cinematografía captura los rincones más oscuros de la ciudad, revelando el contraste entre el glamour superficial y la realidad de quienes sostienen la industria del entretenimiento. Las escenas clave, como el solitario baile de Annette en un casino vacío o el colapso emocional de Shelley en el techo de su club, refuerzan el mensaje central del film: la pérdida de relevancia y la lucha por la identidad en una sociedad que valora la juventud por encima de todo.

A pesar de la fortaleza visual y emocional de la película, The Last Showgirl tropieza en el desarrollo de sus personajes secundarios. Las relaciones de Shelley con su hija, Hannah (Billie Lourd), y con su ex amante Eddie (Dave Bautista) carecen de la profundidad que podrían haber ofrecido. Estos vínculos, presentados de manera fragmentada, no logran aportar la dimensión emocional que sus personajes demandan, restando impacto a un relato que podría haber sido más devastador.

The Last Showgirl es, sin duda, un testimonio del talento de Anderson y de su capacidad para transformarse en pantalla. Aunque la película no es perfecta, sus momentos de brillantez —como los diálogos entre Shelley y Annette— y su mensaje sobre la marginación de las mujeres mayores en la industria del entretenimiento logran resonar. Gia Coppola consigue que Las Vegas, con todo su esplendor pasado, se convierta en el escenario perfecto para una reflexión sobre la decadencia y el olvido.