lunes 19 de agosto de 2024

La década de los años 80 en México es recordada por su explosión cultural y sus marcadas contradicciones. Desde los estragos del terremoto en la Ciudad de México hasta el auge de la música pop, pasando por la política y el arte, el país vivió una efervescencia única. Esta mezcla de elementos es la que Hari Sama captura magistralmente en su película Esto no es Berlín (2019), un largometraje que revive la vibrante escena contracultural de aquellos años.

La película sigue a Carlos y Gera, dos jóvenes que, al margen de la sociedad tradicional, exploran un mundo lleno de arte, música y experimentación en los suburbios de la Ciudad de México. Este viaje, que comienza en la segura y ordenada Lomas Verdes, los lleva al caótico y vibrante DF de la época, donde la noche se convierte en un espacio de descubrimiento y resistencia.

Hari Sama nos ofrece una visión única de esa juventud que se debatía entre la imitación de las tendencias europeas y la dura realidad mexicana. “Esto no es Berlín” resucita con precisión sensorial una ciudad desconocida para muchos, pero inolvidable para quienes la vivieron.

El título de la película, más que una afirmación, es una reflexión sobre la identidad y el pertenecer. Los protagonistas navegan entre una supuesta modernidad importada y las duras realidades del México profundo. Su experiencia en Ecatepec, por ejemplo, les revela una distancia cultural más amplia de la que jamás imaginaron.

Hari Sama recrea esos momentos con un realismo casi doloroso, lleno de referencias a lugares icónicos como El Nueve y La Quiñonera. A través de estos espacios, la película encapsula la esencia de una generación que buscaba desesperadamente su lugar en un mundo en constante cambio.

A pesar de su narrativa tambaleante y personajes a veces poco profundos, Esto no es Berlín destaca por su capacidad de transportarnos a un tiempo y lugar específico. La música, con temas de New Order y Visage, juega un papel crucial en la creación de esta atmósfera. En conjunto, la película es una evocación poderosa y sensorial de un México ochentero que ya no existe, pero que sigue vivo en la memoria de quienes lo vivieron.