martes 11 de junio de 2024

El último escape (The Great Escaper, 2023) es la película del ocaso para Michael Caine como Antes de partir (The Bucket List, 2007) para Jack Nicholson, Lucky (2017) para Harry Dean Stanton o Cry Macho (2021) para Clint Eastwood. Películas que reflexionan sobre el pasado con personajes que buscan hacer las paces antes de morir. Todas las mencionadas son superiores a esta.

Bernie Jordan (Caine) es un veterano de la Segunda Guerra Mundial presente en el desembarco de las tropas británicas en Normandía. Al conmemorarse el 70 aniversario del Día D, el hombre decide escapar del geriátrico en el que pasa sus últimos días con su mujer Rene (Glenda Jackson), para ir hasta Francia y reencontrarse con sus fantasmas de la guerra.

El film está dirigido por Oliver Parker (Otelo, Johnny English Recargado, Dorian Gray), un realizador con mucha experiencia pero pocas películas memorables. En este caso, la experiencia importa más que el talento, apoyada en la trayectoria de sus protagonistas. Es una producción con una impronta televisiva y olor a naftalina, que se sostiene gracias a Michael Caine, Glenda Jackson y John Standing.

Estamos ante una historia que busca conmover desde el primer minuto. El guión de William Ivory se centra en el vínculo de toda una vida con su esposa, el compañerismo con otro veterano de guerra (Standing), y el consejo a médicos y enfermeras más jóvenes. También aborda los recuerdos traumáticos de la guerra que Bernie debe enfrentar: los compatriotas fallecidos y el respeto a los soldados alemanes y estadounidenses. A pesar de algún momento patriota innecesario, la película rescata ante todo la humanidad de los personajes. Michael Caine grita compungido: “¡Qué desperdicio!” y la toma se abre mostrando la infinidad de tumbas de los caídos en combate. Sin duda, el mejor momento de la película.

El último escape también juega con el título del film. El último escape es el último viaje del protagonista a Francia para el evento conmemorativo bélico, pero también, el viaje hacia la muerte. Una idea que este tipo de películas sobre el ocaso suelen desarrollar. Michael Caine merecía su film de despedida, quizá uno que pudiera enaltecer su potente voz y figura, y no uno que lo muestre en un andador e internado en un geriátrico. Sin embargo, el longevo actor se las ingenia para, con pequeñas situaciones, sacar a relucir su estatus de caballero inglés.